9 pueblos de la Costa Brava que no debes perderte

Con más de 200 kilómetros desde Blanes hasta Portbou, la Costa Brava es un paraje extraordinario. Los pueblos y su gente, la gastronomía o las playas son algunos de los motivos para visitarla, pero hay muchos más.
Dada la imposibilidad de enumerarlos todos y teniendo en cuenta que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina, hoy nos centraremos en los pueblos de costa y las playas que sí o sí debes visitar si estás por la zona:

Cadaqués

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Este pequeño pueblo costero es uno de los más encantadores de la Costa Brava. Su paseo marítimo con las casas blancas son una de las postales más famosas de la zona. Su belleza cautivó al pintor surrealista Salvador Dalí, que tuvo su única residencia estable en Portlligat, actualmente la Casa-Museo Dalí.
Si quieres visitarla, desde Cadaqués hay un precioso camino de ronda que bordea toda la costa hasta llegar a Portlligat. Después se puede volver a Cadaqués por el interior, en una vuelta circular de unos 7 kilómetros.
El litoral de Cadaqués está lleno de playas y calas bellísimas y para todos los gustos, desde la Platja Gran, ubicada en el núcleo urbano e ideal para ir en familia, o Cala Bona, situada en pleno Cap de Creus, a unos 8 kilómetros de Cadaqués, a la que solo se puede llegar en barca o caminando.

Tossa de Mar

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Esta antigua población de pescadores es un buen sitio para empezar la ruta por la Costa Brava. Relativamente cerca de Barcelona, este pueblo costero tiene un castillo del siglo XII muy bien conservado, con las murallas y varios torreones que se extienden por la costa. Construido para defender el pueblo y sus pescadores de los ataques piratas, se ha convertido en el símbolo de la ciudad y en uno de los lugares más fotografiados de la Costa Brava.
Al lado del castillo puedes disfrutar de la cala de Es Codolar o la Platja Gran o, si prefieres playas más recónditas, el camino de ronda hasta Cala Giverola está lleno de calas pequeñas y menos concurridas. Además, si eres amante del ciclismo, la carretera que va hasta Sant Feliu de Guíxols bordeando el mar, es una ruta con mucho encanto.

S’Agaró

Este pueblo surgió de la idea de construir una urbanización de veraneo de estilo novecentista, proyecto que fue encargado al prestigioso arquitecto Rafael Masó. Este núcleo novecentista, declarado Bien Cultural de Interés Nacional, es una de las principales atracciones, junto al fantástico camino de ronda, considerado uno de los más bonitos de la Costa Brava.
El camino de ronda, como hemos dicho, no solo destaca por su belleza, también es uno de los más aptos para todo el mundo, incluso tiene un elevador y 6 rampas para las personas de movilidad reducida.

Calella de Palafrugell

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Hay tantos pueblos bonitos en la Costa Brava que es difícil decidir el más bello, pero, sin lugar a duda, Calella de Palafrugell estaría en los primeros lugares. Sus casas a primera línea de mar, los arcos del paseo, las aguas cristalinas o los botes varados en la playa son elementos característicos de este auténtico pueblo de pescadores. Pasear por sus calles estrechas, rodeadas de casas blancas y cubiertas de flores es un placer.
Para los amantes de la música, en julio se celebra la tradicional cantada de habaneras y en el precioso jardín botánico de Cap Roig, lleno de diferentes especies de plantas, los mejores artistas internacionales actúan año tras año en el festival Jardins de Cap Roig.

Llafranc

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Llafranc, junto con Calella de Palafrugell y Tamariu forman la parte costanera de Palafrugell y, aunque vive un poco a la sombra de Calella, solo por visitar el faro de Sant Sebastià y su conjunto monumental (la torre de vigía, la ermita de Sant Sebastià y el poblado ibérico), ya vale la pena.
En el faro Sant Sebastià hay un mirador espectacular a 169 metros de altura en el que no solo podrás disfrutar de las vistas, también podrás degustar sushi de alta calidad en el restaurante Nomo.

Begur

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Es un pueblo sin costa propiamente dicha, pero con mucho encanto. Situado en una elevación, está a tocar de algunas de las mejores playas de la Costa Brava: Sa Tuna, Aiguablava, Sa Riera o Platja Fonda son lugares preciosos para relajarse y hacer un chapuzón. Además, Begur también tiene un casco antiguo muy bonito, ideal para pasear.
Uno de los monumentos que debes visitar es el castillo, al que puedes llegar paseando desde el casco antiguo, subiendo una cuesta moderada. Una vez arriba, el esfuerzo habrá valido la pena: las vistas de toda la Costa Brava son sensacionales.
Uno de los eventos más esperados del año es la feria de los indianos, que se celebra el primer fin de semana de septiembre y que tiene su origen en la emigración de gente del pueblo hacia Cuba en busca de fortuna y nuevas oportunidades en el siglo XIX. Durante estos días la ciudad acoge mercados de productos de ultramar y se hacen espectáculos y muestras de oficios.

Pals

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Pasear por las calles de este pueblo medieval es como retroceder en el tiempo. Sus calles empedradas, el castillo construido durante los siglos XI y XII o la iglesia de Sant Pere invitan a perderse durante horas. Ca la Pruna, una imponente casa fortificada de estilo gótico y renacentista del siglo XVI, es un buen lugar para empezar la visita: en su interior hay una exposición permanente de vinos y cavas, un museo de arqueología submarina y una réplica de una farmacia antigua.
Y después de pasear entre casas de piedra de estilo gótico, las torres de vigilancia y las impresionantes murallas, llega la hora de comer. Si eres de los que disfrutan con un buen arroz, el de Pals es de calidad suprema. Su singular textura condicionada por la climatología de la zona hace que sea más consistente.

L’Escala

Es ideal visitar este pueblo en verano, cuando la tramuntana y el oleaje aflojan. Pasear por el paseo marítimo, amplio y que recorre toda la línea costera o sentarte en una terraza a degustar las típicas anchoas de l’Escala es un placer, sobre todo en el atardecer cuando el ambiente se refresca.
Y en lo que a playas se refiere, las situadas en el núcleo urbano son especialmente familiares y a medida que te alejas puedes disfrutar de playas más tranquilas, perfectas para hacer snorkel.

Sant Martí d’Empúries

Terminamos con este pueblo diminuto. Muy cerca de l’Escala, este pueblo medieval tiene como gran reclamo las ruinas de Empúries, un yacimiento de la antigua Grècia y ocupado posteriormente por romanos y donde está situado el Museo de Arqueología de Cataluña. Abierto durante todo el año, en verano amplían sus actividades con visitas teatralizadas, conciertos o talleres familiares.
La playa del Portitxol, muy cerca del acceso al museo y situada en un entorno espectacular, es ideal para refrescarse después de la visita a las ruinas y para comer, la plaza mayor en la parte alta del pueblo está atestada de restaurantes con diferentes propuestas gastronómicas. Y cuando el calor afloja, podemos visitar las calles de Sant Martí d’Empúries con la iglesia y el castillo construido en 1538.

Como hemos dicho antes, la Costa Brava es una de las zonas más bonitas de Catalunya, que vale la pena visitar con tiempo. Perderse en sus pueblos y relajarse en sus bonitas playas es un placer que, como mínimo una vez en la vida, se debe saborear.
Además, si eres de los que les gusta ir en bici o caminar, tienes numerosas rutas en nuestro perfil de Komoot para realizar y el “Camí de Ronda” que pasa por toda la Costa Brava, muy recomendable.